Algo no hicimos bien 

“En algunos sectores de la izquierda hay conciencia sobre estos poderes oscuros. Pero no siento que todos estén conscientes”.

1. Oficio de mentir

Hace 20 años, en febrero de 2006, la revista Forbes publicó que Fidel Castro poseía una fortuna de 900 millones de dólares. El mundo mediático levantó la nota en todos los continentes y la hizo resonar con campanas. Le llamaban corrupto, malnacido, miserable y cosas peores.

El líder cubano brincó. Era la segunda vez que la publicación lo metía en una lista de “millonarios”. Les dijo que si le encontraban una sola cuenta bancaria, presentaba su renuncia. Forbes respondió que su cálculo estaba basado “en el control de Castro sobre industrias estatales”. Es decir: de allí, de la pura imaginación, sacó el dato.

No es un tema aislado que, al mismo tiempo, en esas mismas semanas, en México se llevaba a cabo el más grande linchamiento del que se tenga registro en contra un solo político: el que sufrió Andrés Manuel López Obrador.

Cuba Debate contó que Castro “meditó bastante sobre la conveniencia o no de salir al paso a las mentiras difundidas anteriormente por ‘ese libelo’ en 2004, y entonces decidió posponer la respuesta pues tenía asuntos más importantes y no podía distraerse”. Fidel recordó que su padre poseía tierras y que al triunfo de la Revolución, en 1959, fueron entregadas a los campesinos. “Pero toda mi fortuna, señor [George W.] Bush [entonces Presidente de Estados Unidos], cabe en el bolsillo de su camisa”.

–Asco me daba. Me repugnaba defenderme de la basura y porquería que dicen. Desafío a Forbes y a la CIA; los emplazo: si demuestran que tengo esa fortuna, renuncio a mi cargo –dijo a la prensa cubana.

Nunca le probaron nada. Pero la prensa global se dio vuelo difundiendo lo que nunca nadie pudo probar. Forbes le dijo en mayo de aquel año a la BBC que “para determinar la presunta fortuna de Castro se calculó el valor de varias empresas estatales cubanas y se adjudicó un porcentaje al líder cubano”. La cadena de noticias financiada por Gran Bretaña agregó: “Un portavoz de la muy leída revista financiera concedió que no tenían ninguna evidencia de que Castro haya escondido dinero en cuentas bancarias en el extranjero, pero afirmó que controla una fortuna”.

“Si alguien como Castro quiere escapar del país y llevarse una suma millonaria, podría hacerlo”, dijo el vocero de Forbes a BBC. Parece una mala broma, pero no, no lo es.

Forbes bien pudo decir que si Fidel se transformara en vaca y tuviera alas del tamaño de dos camiones, podría volar con sus cajas con oro. La dificultad del líder cubano sería convertirse en vaca porque las cajas de oro ya se las había robado. Fantasías extendidas al infinito para dañar a Fidel, pues. Y para dañar, que era el objetivo, a la revolución.

La diáspora cubana usó la imagen de los Castro multimillonarios, citando a Forbes, como si lo hubiera probado. Los periodistas anticastristas no se metieron al detalle, porque implicaba desmentirse pero sus columnas y reportajes en Europa y en Estados Unidos y en Asia y en América Latina y en Canadá y en México y en el último rincón del planeta imaginaban lo que sería que un líder barbón comunista tuviera dinero guardado, mientras que su pueblo moría de hambre.

2. El espíritu de Jacobo

Nada ha cambiado. Nada. En México, las televisoras son un poder sin control. Difaman, golpean, destruyen sin que nadie pueda llamarlas a cuentas. Distorsionan, pudren, corrompen. Y nadie puede pedir derecho de réplica o meter una demanda, a menos de que tenga dinero y tiempo qué perder, porque lo que le sobra a ese imperio del mal son abogados y tiempo.

El Televisa de ahora es exactamente el mismo que el de Jacobo Zabludovsky. No hay diferencia. Apenas difundió una serie, con acceso a Carlos Salinas de Gortari y a Enrique Peña Nieto, para “narrar el fin del PRI” y al mismo tiempo tratar de borrar la verdad: que la empresa de medios fue herramienta de control del régimen del PRI durante décadas, y luego, con la misma desfachatez, se acomodó al PAN.

Algo no hicimos bien porque Televisa ocultó la sangrienta Guerra Sucia, cuando los gobiernos priistas ordenaron que dirigentes sociales fueran secuestrados, torturados, encarcelados y asesinados; es la Televisa que fue parte del fraude electoral en 1988 contra Cuauhtémoc Cárdenas y participó del linchamiento de ése y otros políticos de izquierda en los años subsiguientes y posteriormente ayudó a imponer a un empresario mediocre en la Presidencia, en 2000: Vicente Fox. Algo falló en la transición de 2018 porque Televisa ayudó en el fraude de 2006 a favor de Felipe Calderón; después participó en el linchamiento de López Obrador y en la imposición de Enrique Peña Nieto en 2012, y cuando ya vio que era imposible contener a AMLO se puso otra capa de maquillaje y así lo aceptaron otra vez, ahora en las esferas de la izquierda.

Ese poder hipócrita y camaleónico sigue operando en la impunidad, hasta hoy. Tiene oxígeno y respira sin dificultad. Y mañana volverá a levantarse contra los políticos de izquierda para servir a los poderes a los que ha servido siempre, y lo hará con toda impunidad porque nunca paga, nunca le hacen nada.

Algo hicimos mal, porque AMLO ya se fue y ahora con Claudia Sheinbaum transitamos un segundo periodo de gobiernos progresistas, pero Televisa sigue siendo el gran verdugo impune de la izquierda, refugio de los poderes más podridos. Fue parte del linchamiento contra Fidel, fue parte del linchamiento contra AMLO. Y más adelante, si lo ve conveniente, se unirá con TV Azteca contra la Presidenta porque nadie los llama a cuentas por mentir. Algo no hicimos bien.

3. Oficio de tinieblas

Los tres análisis de redes sobre el ataque contra mi persona (uno generado por una organización europea de defensa de periodistas y dos de equipos basados en México) coinciden entre sí. Generar entre 140 y 151 millones de impactos no fue gratis. La inversión fue muy pesada. Uno de los informes detalla que fueron entre dos y tres fuentes de dinero para potenciar la mentira divulgada por la periodista de Televisa contra mí. Los tres informes hablan de una operación coordinada.

El origen del ataque recae en NMás y Latinus. Eso es una obviedad. Como “potenciadores” se agrega a Ricardo Salinas Pliego, a al menos cinco medios en la Ciudad de México y a dos regionales: uno en Chihuahua y el otro (conglomerado) en Campeche. Los tres análisis ubican a un vocero de Claudio X. González y a cinco periodistas como parte de una operación coordinada. Y aparecen algunos otros personajes menores que siempre acompañan los ataques del dueño de Grupo Elektra.

La campaña se pagó para Facebook, TikTok, X e Instagram. Los picos están muy marcados y los ciclos también. Esto permite advertir a los especialistas que primero entró un financiero, luego un segundo; después vendría un tercero. Hay una mujer política involucrada. Creo que ésta última vio el tren y se subió a él; también hubo varios que de manera voluntaria participaron, entre ellos los vinculados con Claudio X. González-Guadalupe Acosta Naranjo y Roberto Madrazo Pintado.

La periodista de Televisa tenía muy fácil su tarea, en mi caso. Lleva años analizando ese tipo de documentos; no había manera de involucrarme en absolutamente nada, pero lo hizo. ¿Le dijo a sus jefes, simplemente, que “se equivocó”? ¿O trabajó con ellos en este ataque? Si ella participó en orquestar esta agresión no lo sé, pero como me difamó y después se negó a corregir su información, supongo que al menos ella sí tenía una agenda. Estas cosas se saben con el tiempo. Flotan. Ya se sabrá.

¿Diez millones de mensajes pagados en redes contra mí? Muy raro. ¿Soy así de importante para alguien? No creo, o no lo sé. Siento que vieron la oportunidad de probar nuevas herramientas conmigo, y algo así me han dicho al menos dos de los especialistas con los que he revisado datos. Lo verdaderamente interesante, lo realmente poderoso aquí es que los tres reportes le quitan el velo a ciertos núcleos de resistencia de la derecha y ultraderecha en México, en el entorno de la vieja prensa corrupta. Grupos que operan y han operado abiertamente, pero también desde la oscuridad.

Carmen Aristegui reveló recientemente cómo Televisa coordinó ataques contra ella, recurriendo a los mismos periodistas corruptos que me atacaron a mí. Y Latinus es gusano de esa misma guayaba. Pero me detengo en Salinas Pliego, un tumor en nuestra enclenque democracia. En su entorno se mueven nuevas y viejas estructuras de la derecha continental. Estos reportes muestran algo de eso. Las granjas son de lo más común: vienen desde varios países. A los potenciadores hay que ponerles atención, porque son los orgánicos.

Alguien me contó, hace unos días, de un “proyecto de 200 millones de dólares” relacionado con el dueño de TV Azteca. Me dijo que es compra o construcción de medios. Sus televisoras han perdido credibilidad, pero tienen una penetración tremenda: ¿quiere más? Aparentemente sí. Intentó destruir a la Nueva Escuela Mexicana y buscó desacreditar a los Libros de Texto. No pudo. Simplemente se le tomó como parte de la Guerra Cultural izquierda-derecha. Pero cuando dedica ese poder a una persona y no a instituciones, puede hacer mucho daño. Sobre todo si logra bucles bien operados entre lo artificial, lo coordinado, lo orgánico y lo mediático.

En algunos sectores de la izquierda hay conciencia sobre estos poderes oscuros, que se mueven a una gran velocidad. Sin embargo, no siento que todos estén conscientes de qué tan dañinos son y en qué se transformarán apenas encuentren una justificación. El ecosistema de Salinas Pliego es muy evidente, y él ha hecho absolutamente todo para hacerse ver como una anomalía (un tumor) en nuestra democracia. Pero no hay tanta conciencia sobre Televisa porque tiene mejores modos y está permanentemente dorándole la píldora al poder central.

Las televisoras, juntas y separadas, han manipulado al país por décadas para dañar a la izquierda. No hay sorpresa en ello. Lo que sí me parece sorprendente es que, con la izquierda en el poder, sigan operando su maquinaria a plenitud.

Suele atribuirse a Aleksandr Solzhenitsyn esta frase: “Nos mienten; sabemos que mienten; ellos saben que sabemos que mienten, pero siguen mintiendo de todos modos y seguimos fingiendo creerles”. No hay evidencia de que sea una frase de él, pero sí existe toda la evidencia de que, en 2026, las televisoras nos mienten; sabemos que mienten; sus directivos saben que sabemos que mienten, pero siguen mintiendo de todos modos porque nosotros no hacemos nada, al contrario: aceptamos que la izquierda los siente a su lado, a pesar de todo el daño y el dolor que provocan y han provocado. Algo hicimos mal, muy mal.